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Kurt Gustav Wilckens - Vindicador

”No
fue venganza: yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él era
todo en la Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intenté
herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal. ¡Pero la
venganza es indigna de un anarquista! El mañana, nuestro mañana, no
afirma rencillas ni crímenes, ni mentiras: afirma vida, amor, ciencia.
Trabajemos para apresurar ese día.” K.G. Wilckens
1) Wilckens por Osvaldo Bayer
2) Comunicado de la FORA a raìz del asesinato de Wilckens
3) La eterna Justicia, biografia
4) La venganza
Wilckens
según Osvaldo Bayer
“Wilckens es un personaje
novelesco. La realidad tiene mucho más fantasía que la imaginación, que el género
fantástico. Wilckens es un revolucionario de aquella época, de ideas
libertarias, que tiene características muy propias. Ellos no creían en la
nacionalidad: el verdadero revolucionario era aquel que renunciaba a todo
sentido de la propiedad. Y Wilckens alcanza este punto cuando hace un viaje como
estudiante a Estados Unidos. Allá se encontró con vagabundos noruegos, suecos
y daneses que recorrían a pie el país y, cuando necesitaban dinero para comer,
trabajaban en las cosechas. Es ahí en donde empezó a aprender las teorías de
Tolstoi y se entusiasmó. Para él era una cosa absolutamente nueva: hasta
entonces había hecho una vida totalmente burguesa. En Estados Unidos trabajó
en una fábrica de conservas de pescado, donde los mejores trozos los ponían en
latas muy lindas, para los almacenes de la burguesía, y los restos se colocaban
en envases muy baratos, para el proletariado. Wilckens convenció a los
trabajadores de la fábrica que hicieran al revés. En las latas de lujo ponían
los restos y en las baratas el mejor pescado. Por supuesto, lo descubrieron y
los echaron. Después se fue a trabajar a las minas y ahí también organizó
una huelga. En un diario que está en los archivos de la policía de Buenos
Aires lo llaman el rojo más peligroso del Oeste norteamericano. Al final, los
norteamericanos lo metieron preso por alemán (ya se había declarado la Primera
Guerra Mundial) y lo mandaron a un campo de concentración. Cuando termina la
guerra, lo expulsan, vuelve a Alemania y renuncia a toda la fortuna que le
correspondía y se embarca hacia la Argentina. Los anarquistas alemanes lo ponen
en contacto con los anarquistas argentinos y ahí empieza la historia.” *-
Perfil de Wilckens, en palabras del mismo Bayer, en una entrevista publicada en
el suplemento Radar, el 5 de octubre de 1997.
El
asesinato de Wilckens
Comunicado de la FORA a raiz dell
asesinato de Kurt G. Wickens
¡Compañeros!
El más alevoso asesinato
ha sido cometido por las hordas de la Prisión Nacional. La venganza que
se venía tramando ha sido puesta en práctica ayer de madrugada, mientras
nuestro querido compañero dormía.
Una descarga de fusil
destrozóle el pecho. El asesinato no puede ser más bárbaro ni más baja
la venganza. Han procedido, pues, como sólo saben hacerlo los cobardes.
La F.O.R.A., consecuente
con sus principios, ha declarado la huelga general, como acto de protesta,
en toda la República.
¡Trabajadores!
Que nadie se llame a
silencio. No lanzarse a la calle en esta emergencia significa
solidarizarse con los bárbaros sucesos de la Patagonia y con el
repudiable asesinato cometido en la Prisión Nacional.
¡Compañeros proletarios,
hombres libres, a la calle!
La violenta situación que
al proletariado le ha creado el cobarde asesinato de Kurt G. Wilkens
reclama como una inexorable obligación de honor que los trabajadores
todos respondan al insolente y audaz militarismo con la huelga general. ¡Que
todas las actividades cesen de inmediato! ¡Que los trabajadores, como una
ola incontenible, enérgica y viril, inunden las calles de la Capital,
haciendo vibrar su protesta!
En el día de hoy y
sucesivos, todos los locales obreros deben estar llenos de trabajadores,
donde se les informará y tendrá al corriente de la marcha del
movimiento. Las comisiones administrativas deben permanecer constantemente
reunidas para seguir la marcha de los acontecimientos.
¡Trabajadores, hombres
dignos! Los momentos son de lucha y de coraje: frente al crimen vil y
alevoso, se imponen los gestos enérgicos y las actitudes decididas. ¡Que
cada uno ocupe su puesto!

asì eran las bombas que usaban
los anarquistas en esos tiempos.
Wilckens, la eterna
justicia
Esta
es la historia de Kurt Gustav Wilckens, anarquista. Hijo de August
Wilckens y Johanna Harms. Nació un 3 de noviembre de 1886 en Bramstedt,
distrito de Segeberg, provincia de Schlegwig-Holstein, en lo que fue la
Alemania del Norte lindando con Dinamarca.
Aquel hombre, alto, de cabellos rubios, ojos color azul claro, y frente
ancha, había estudiado jardinería, e ingresado en 1906 durante dos años,
al servicio militar en la primera compañía del Garde-Schutzen-Bataillons
prusiano. Luego en 1910, al viajar a los Estados Unidos para
perfeccionarse en su oficio, conoce, trabajando junto a sus compañeros de
aventuras en las cosechas, las ideas libertarias. Principalmente estudian
las de Leon Tolstoi.
Antes de arribar a Buenos Aires el 29 de septiembre de 1920, Wilckens
tiene un primer conflicto con los organismos represivos de Estados Unidos.
En una fabrica de pescados, en donde él trabajaba, dirigió una acción
realmente curiosa. Se envasaban pescados en escabeche y en conserva, pero
había dos calidades de mercancía: los mejores iban a parar en envases de
lujo a los almacenes de la burguesía, y el resto se colocaban en envases
baratos para venderlos en barrios obreros. El mismo convenció a sus compañeros
de fabrica y procedieron al revés: pusieron las mejores partes en los
envases baratos y las destinaron a los barrios obreros. El alemán, fue
expulsado y se fue a trabajar a las minas de carbón.
Desde 1916 enfrenta una seguidilla de huelgas, que posteriormente le
costaran la deportación a su país natal el 27 de marzo de 1920. Al
llegar nuevamente a Alemania, se pone en contacto con sus compañeros de
ideas en Hamburgo, donde se entera que en la Argentina existe un ferviente
movimiento obrero libertario.
Ya en nuestro país trabajo en las quintas frutales de Cipolletti, en Rió
Negro, y luego como estibador donde tomo contacto con los trabajadores
rurales y sus organizaciones obreras.
Ya en 1922, llegaban a Buenos Aires las noticias de lo que estaba
sucediendo con las matanzas en la Patagonia: Wilckens seguirá con
intensas expectativas el movimiento patagonico; apenas conocía el español
pero se esforzaba por interpretar las noticias de la expedición del 10 de
Caballería a cargo del Tte. Cnel. Héctor Benigno Varela.
El anarquista era corresponsal de dos periódicos alemanes: Alarm de
Hamburgo (órgano oficial de la Federación Libertaria Anarquista y de las
Comunidades Libertarias de trabajadores de Alemania) y Der Syndicalist de
Berlin, correspondiente a la Unión de Trabajadores Libertarios de
Alemania (anarco-sindicalista). Los informes sobre el fusilamiento de los
trabajadores rurales patagónicos lo conmocionaron. La idea de los
sufrimientos de esos pobres peones lo atormentaba. El había conocido al
trabajador patagonico cuando estuvo en Rió Negro y en villa Iris, en el
sur bonaerense. Los amaba entrañablemente por su sentido de la amistad,
por su hospitalidad, por su humildad y sus pocas palabras. La injusticia
que se engendraba en el fusilamiento de esos hombres de campo por profesar
ideas libertarias, (además de que él comprendía de que solo querían el
bien de la humanidad), determinaría definitiva y sentencialmente su
accionar posterior.
Los obreros de Santa Cruz merecían justicia. Esa particular idea a la que
los anarquistas llaman "justicia proletaria" comenzó a girarle
en su cabeza. Suprimir a Varela, aquel militar responsable de los
fusilamientos de 1922 de los 1.500 obreros patagónicos bajo la
presidencia de Hipólito Yrigoyen, lo seducía desde hacia tiempo.
Cuando sus compañeros de cuarto estuvieron de viaje, pudo despistar a la
policía acerca de su domicilio. Hasta los propios amigos pensaban que se
había marchado a México o a Estados Unidos; pero la realidad era que el
alemán estaba preparando, en silencio, el atentado, para que ningún otro
compañero pueda salir perjudicado.
Andrés Vázquez Paredes, vinculado a los grupos expropiadores, será el
que le dará el explosivo. Es evidente que Wilckens para llevar a la
practica su atentado tomo contacto con estos grupos, que por ese entonces
operaban dentro del anarquismo: él no tenia idea de como se fabricaba una
bomba. A pesar de su formación tolstoiana y pacifista, comprendía a los
compañeros mas violentos que no podían soportar la violencia de los
patrones y gobiernos.
Entonces llego el momento. Alrededor de las 7 de la mañana del 25 de
enero de 1923, Varela salió de su domicilio de la calle Fitz Roy y se
encontró encarnada en el firme rostro de Wilckens, a la ferviente furia
de los 1.500 obreros patagónicos asesinados bajo su mando. Diecisiete
heridas graves: doce producidas por la bomba y cinco balazos en la parte
superior del cuerpo, sentenciaron los médicos legalistas Klappernbach y
del Solar. Al alemán no le tembló la mano, pero en su camino paso lo
imprevisto: una niña se cruzo entre el "fusilador fusilado" y
él. Se llamaba Maria Antonia Palazzo, de 10 años de edad. La actitud de
cubrirla con su propio cuerpo para que no recibiera ninguna esquirla lo
había perdido: las heridas recibidas en las piernas le impidieron la
huida. Cuando noto que tenia huesos quebrados en las piernas vio que
cualquier intento de escapar resultaría en vano y no resistió.
Ahora estaba allí, en la comisaría, en lo peor. Allí, indefenso, frente
a los que querían y exigían saberlo todo: "Fui yo solo. Único
autor. Yo fabrique la bomba sin ayuda. Acto individual.", explico
Wilckens, a lo que unos meses mas tarde agregará en una carta fechada el
21 de mayo de 1923; "No fue venganza; yo no vi en Varela al
insignificante oficial. No, él era todo en la Patagonia: gobierno, juez,
verdugo y sepulturero. Intente herir en él al ídolo desnudo de un
sistema criminal. Pero la venganza es indigna de un anarquista!!. El mañana,
nuestro mañana, no afirma rencillas, ni crímenes, ni mentiras; afirma
vida, amor, ciencia, trabajemos para apresurar ese día".
Meses mas tarde Wilckens seria asesinado en la cárcel por un miembro de
la Liga Patriótica Argentina, Ernesto Pérez Millán. - Informe elaborado
en base al libro de Osvaldo Bayer, La Patagonia Rebelde. Tomo 4, "El
Vindicador".
El
atentado de 1923
Con el regreso de Varela y el grueso de
las tropas a Buenos Aires, no iba a terminar el derramamiento de sangre.
Ya sin Santa Cruz como escenario, las consecuencias de la cruel represión
del conflicto obrero tendrán todavía un capítulo adicional: el de las
venganzas o los vindicadores de la Patagonia Trágica.
No toda la tropa de Varela había regresado. Un grupo destacado en el sur
debió permanecer algún tiempo mas, debiendo casi "huir" luego
de Santa Cruz ya no por la "supuesta violencia de supuestos
bandoleros" sino curiosamente por el costo de vida ...
Transcribimos un
fragmento publicado en el diario "La Prensa" el dia 25 de enero
de 1922. Nótese el estilo algo recargado de subtitulares:
EN
LOS TERRITORIOS DEL SUR
Desorganización Administrativa
Incidente entre Policías
Supuesta reunión de revoltosos
Demostraciones al ejército
Regreso del Jefe de las Fuerzas
(de nuestro enviado especial)
San
Julián, enero 24 – el destacamento de tropas de caballería que había
quedado en Santa Cruz al mando del capitán Pedro E. Campos, tuvo que
trasladarse a Rio Gallegos, debido a que en aquella localidad se hacía
imposible la vida a causa del elevado precio alcanzado por los artículos
de primera necesidad.
El fenómeno que ha motivado esa traslación es común en toda la costa de
la Patagonia; pero según los informes que me ha proporcionado el
mencionado oficial, el costo de la vida en Santa Cruz ha llegado a límites
increíbles."
En tanto en Buenos
Aires y pasada la euforia de la campaña, el tema de los fusilamientos comienza
a ser algo molesto a nivel político. Por ello salvo el reconocimiento de
terratenientes y de la Liga Patriótica Argentina, no aparecen los honores que
tal vez Varela esperaba. Así es como desde el gobierno de Yrigoyen no aparece
el decreto que avale lo actuado por las tropas. Algunos oficiales incluso llegan
a solicitarlo al mismo General Justo (ministro de guerra). Este pedido es
rechazado por falta de estilo pero en realidad encubre el desinterés por
resucitar la polémica por los excesos de Varela y su tropa en territorio
nacional de Santa Cruz. En la Cámara de Diputados también se "enfría"
el tema.
Los diarios obreros y
anarquistas mantienen vivo el tema con denuncias y publicaciones constantes;
pero no llegan a movilizar a la opinión pública aunque es grande el mérito de
mantener vivo el tema. Y justamente será un anarquista quien cuando ya parecía
que los sucesos de la Patagonia pasaban al archivo colectivo de la ciudadanía;
hará que la oscura campaña de Varela vuelva a ser tema de gran actualidad ...
para decepción de políticos, militares y hacendados deentonces. El 27 de enero
de 1923, Kurt Gustav Wilckens lanza una bomba casera y cinco disparos contra el
teniente Coronel Varela cuando sale de su casa de la calle Fitz Roy n° 2461 (el
atentado sucede en el n° 2493 de la misma calle en la ciudad de Buenos Aires).
Para conocer algo mas de este tal Wilckens le recomendamos luego recorrer el ítem
"protagonistas" de este mismo sitio. Pero es conveniente adelantar que
Wilckens era un anarquista venido de Alemania. Había pasado por los Estados
Unidos y circunstancialmente llega a la Argentina expulsado de aquel país y a
la espera de poder regresar. Comienza a frecuentar bares y locales anarquistas y
empapado del tema de la Patagonia Trágica asume como propia la misión de
vengar estos hechos impunes. Paradójicamente es un sujeto pacifista e
idealista, tal es así que obra solo (apenas recibe asesoramiento sobre la
fabricación de bombas caseras). Nunca estuvo en Santa Cruz y aparentemente no
conocía a huelguista alguno. Sus ideales le hacían sentir que había que
vengar estos trágicos hechos aunque debiera recurrir a la violencia que él
mismo criticaba. Por ello es que día tras día, esperaba a la mañana la salida
de Varela de su domicilio ... pero siempre había terceros cerca, generalmente
hijos o hijas del militar.
Ese día 27 de enero
Varela vuelve a salir con una niñita. Desaliento en Wilckens. Repentinamente la
niña vuelve a la casa por sentirse mal. Varela uniformado y con sable (sin
custodia por propio pedido) reinicia su caminata. Es el día esperado por el
alemán. Cuando ya se acerca a Varela para atentar contra él aparece una niña
cruzando la calle. Wilckens con su idealismo no quiere dañar mas que a Varela.
Por ello frena su acción, asusta a la niña para que se vaya ("¡ cuidado
viene un auto!") y ya con Varela en actitud alerta no tiene mas remedio que
tirar la bomba entre ambos hombres. Así inicia su atentado del cual resulta
obviamente también herido y no puede huir según lo planeado.
El militar con las piernas rotas se aferraba a un árbol intentando desenvainar
el sable.
Los dos heridos
están frente a frente. Allí Wilckens descarga las balas de su Colt en Varela
quién insultando cae sin vida. El anarquista con dificultad intenta llegar
hasta la avenida Santa Fé (a unos metros del lugar). Los curiosos y vecinos
temen detenerlo por portar aún el revólver, hasta que dos vigilantes (de
apellidos Díaz y Serrano) le apuntan con sus armas reglamentarias. Wilckens
simplemente les ofrece su Colt entregándose, mientras dice con acento
extranjero: "he vengado a mis hermanos".
El agente Serrano le da un par de golpes, en tanto de un regimiento cercano
(casi enfrente), se acercan corriendo oficiales y soldados con la intención de
linchar al anarquista. Un oficial escribiente de la policía frena la arremetida
y con firmeza señala que el detenido es responsabilidad suya. Wilckens solo
dice: "yo no soy necesario en la vida, he cumplido con mi deber ... pueden
matarme".
La noticia de la
muerte de Varela corre de boca en boca. Sus camaradas de armas se encuentran
indignados. Varela era querido por sus soldados y oficiales. Algunos comienzan a
hablar de no dejar impune este atentado. Entre los oficiales mas cercanos está
la sensación de que fue usado por los políticos, y que equivocado o no había
actuado en el sur cumpliendo órdenes (siempre quedará la duda de si estas órdenes
presidenciales fueron literalmente cumplidas o mal interpretadas por Varela).
Cuando se tocaba el tema de las matanzas en el sur solía escucharse de parte de
funcionarios la frase "se le fue la mano". Así Varela había llegado
a su muerte aislado y olvidado del poder político que un par de años antes le
encomendara tan dura misión.
Desde el gobierno se
guardaba silencio. No se daba lugar al pedido de ascenso post-mortem a Varela y
el decreto presidencial en relación a su muerte fue bastante escueto:
"Habiendo
sido muerto en la fecha el teniente coronel Héctor B. Varela a consecuencia del
desempeño de la funciones que le fueron confiadas por el P.E. de custodiar la
libertad y el derecho de sus conciudadanos en los territorios del sur al frente
del Regimiento 10 de Caballería de línea Húsares de Pueyrredón, el Poder
Ejecutivo de la Nación decreta:
1. Declarar que el fallecimiento del teniente coronel Varela ha ocurrido como
consecuencia de heridas recibidas en acto de servicio.
2. Los gastos que demande el sepelio se efectuarán por cuenta del Estado"
eso
es todo ... bastante escueto).
Al velatorio de
Varela concurren varios funcionarios entre ellos el entonces presidente Marcelo
T. de Alvear y el ex-presidente Hipólito Yrigoyen. Allí se producirá un hecho
curioso: un joven de nombre Ernesto Pérez Millán Témperley (miembro de la
Liga Patriótica Argentina y exsargento de la policía de Santa Cruz), grita y
amenaza con correr a tiros a los periodistas. Posteriormente se sumará a la
lista de venganzas como ya veremos en párrafos subsiguientes.
En la despedida en el cementerio de la Chacarita hablan el ministro de Guerra
general Agustín P. Justo, el radical Manuel Guisbed Blanck, el doctor Manuel
Carlés (Liga Patriótica – ver ítem "protagonistas") y su cercano
colaborador en Santa Cruz capitán Anaya. Este último dirá: "el teniente
Coronel Varela se limitó siempre a cumplir con lo que se le ordenaba".
Finalizada la ceremonia, la multitud se retira ... parecía que tal vez ahí se
cerraría el tema ... pero no será así.
Como curiosidad del
destino, quienes le rinden homenaje desde la Patagonia con una placa en el panteón
serán los extranjeros. Dicha placa dice:
Los
británicos residentes en el territorio de Santa Cruz a la memoria del teniente
coronel Varela, ejemplo de honor y disciplina en el cumplimiento de su
deber"
(placa colocada
meses después el 22-IX-1923).
Wilckens con las
piernas destrozadas es mantenido de pie durante horas en la comisaría. Allí
responde muy calmo a todas las preguntas sobre su identificación. Repite
"Fui yo solo. Único autor. Yo fabriqué la bomba sin ayuda. Acto
individual". En realidad sí recibió ayuda ya que desconocía el armado de
estos artefactos (ver foto). En algún momento del proceso son encarcelados un
español Rita y un soldado Badaracco que serán mas tarde liberados por falta de
pruebas (en realidad Badaracco cumplirá algo de prisión cuando mas adelante
escriba a favor de Wilckens en un diario).Pero en general el atentado fue un
acto asumido en forma totalmente solitaria. No contesta otra cosa, y poco a poco
comienza a debilitarse e incluso a desmayarse.
* * * * * * * * * * * *
Los diarios de
la época reconocían en el atentado una reacción por la represión en las
huelgas. En los archivos del diario La Prensa pudimos ver que sobre el asesinato
de Varela apenas sale una noticia de escasos 4 x 10 cm. Y dentro de la sección
de policiales. Ni semblanzas, ni siquiera el aviso fúnebre correspondiente ni
en ese día ni en los subsiguientes (sí en cambio abundan las referencias a
otro militar fallecido en esos días). Poco y nada de Varela mas allá de lo
policial. En cambio los diarios anarquistas abundan en textos, relatos y hasta
poemas en honor a Wilckens.
Es así de a poco,
que la gente comienza a preguntarse quien es este sujeto que obró tratando de
salvar a la niña que se interpuso, cuyo rostro irradiaba tranquilidad en las
fotos y que se entregara tan calmamente. Un alemán que insólitamente vengaba
trabajadores patagónicos, de muchos de los cuales ni siquiera se sabían los
nombres.
Juez Malbrán: "¿Está
usted arrepentido de lo que ha hecho ?
Wilckens: ¡ Nein, oh, nein!"
Juez: ¿Por qué lo odiaba ?
Wilckens: Porque escuché en varias conferencias y varios escritos sobre su hazaña
de matar obreros en la Patagonia. Y lo maté para que no mate mas a nadie."
Wilckens ya en prisión
se comienza a recuperar de sus heridas. Es un preso tranquilo y hasta llega a
ser respetado por los mismos guardiacárceles. Los anarquistas eran muy fieles y
solidarios con sus presos. Una vez levantada la incomunicación es visitado
frecuentemente y recibe alimentos (era abstemio y vegetariano por oponerse a la
matanza de animales) y material de lectura casi a diario. Allí también dará
algunos reportajes a diarios incluso conservadores y escribirá para
publicaciones anarquistas internacionales.
"No fue
venganza; yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él era todo en la
Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intenté herir en él al ídolo
desnudo de un sistema criminal. ¡ pero la venganza es indigna de un anarquista!
El mañana, nuestro mañana, no afirma rencillas, ni crímenes, ni mentiras;
afirma vida, amor, ciencias; trabajemos para apresurar ese día."
(Kurt Wilckens, carta del 21-V-1923).-
Para junio de 1923
Wilckens se encuentra bastante restablecido aunque deberá usar muletas de por
vida. En pocos días se sabrá la sentencia. El fiscal ha pedido 17 años de
prisión para él. Las simpatías que despertaba llegaron al punto de que los
mismos carceleros le alertaron sobre rumores de complot contra él.
La noche del día 15 de junio, Wilckens se recostó a las 21 hs. (por
reglamento). Durante la madrugada misteriosamente aparece el antes mencionado
Ernesto Pérez Millán Témperley. Aquel que a gritos en el velatorio de Varela
anunció empezar a los tiros, es el guardiacárceles encargado de la vigilancia
esa madrugada. Los presos debían dormir con la luz prendida por seguridad. Así
Wilckens fue un blanco fácil. Millán apoya un rifle máuser en el preso, quien
despierta ...
-¿ Vos sos Wilckens
?
-"Jawohl"
La bala le destroza
el pulmón izquierdo y sale por la espalda. Comienza la agonía de Wilckens.
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