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Entrevista a Antonio Escohotado

Antonio Escohotado,
por Gusi Bejer

Antonio Escohotado (Madrid, 1941) tiene en su biografía un estimable currículum de investigador de los paraísos artificales y otros temas diversos. Ahora dice que los paraísos salen caros. Lo dice tras el viaje por Tailandia, Vietnam, Argentina, el Amazonas... que narra en Sesenta semanas en el trópico (Anagrama), viaje que comenzó con ánimo purgativo y que tuvo algo de purgatorio. Un viaje que tuvo un 
motivo y una excusa y que ha dado para dos libros y muchas conclusiones azoradas.

Antonio Escohotado
“Los paraísos salen caros y acaban siendo muy pobres”

Pregunta: Sesenta semanas en el trópico comienza con una confesión de lo más sincera e impúdica...
Respuesta: Algo terrible... Hace medio año me separé de una mujer a quien había prometido no dejar nunca. Antes de confesarle que hice un hijo a otra, huyo a la cara opuesta del mundo... Es una confesión catártica.
P: El libro tiene mucho de viaje interno.
R: El libro, lo que es en realidad, es un conjuro. Los maestros, Hegel, Aristóteles, me enseñaron que la división entre lo externo y lo interno no está nada clara.
P: La excusa de su viaje era escribir sobre el capitalismo y el anarquismo. ¿Cumplió con ello o se quedó en excusa?
R: Sí. El fruto de esas reflexiones, la parte de teoría y antropología económica de mi viaje, un libro que se titulará La conciencia roja, se publicará dentro de unos meses.
P: Parece muy en boga eso de revisar las ideas de izquierdas...
R: ¿De dónde viene esa conciencia roja? ¿A dónde va? ¿Qué sentido tiene ahora? Ese es el único tema intelectual realmente importante de nuestro tiempo.
P: ¿Cómo se escribe con el corazón maltrecho y culpable?
R: Pues con bastante fluidez, la verdad. La tristeza es una fuente de la que la inspiración mana generosa.
P: En esta aventura ¿ha encontrado una idea de paraíso?
R: He puesto en cuestión la noción misma de paraíso. Los paraísos salen caros y acaban siendo muy pobres.
P: ¿No le parece un poco provocador eso de que Samui y Torremolinos sólo se diferencian “por el tamaño de los edificios”?
R: Si hay alguien que lo dude, que vaya a ambos lugares y compare. Ya me dirá.
P: Un amigo suyo, Carlos Moya, interpreta la historia occidental como el proceso de domesticación del hombre por la mujer. ¿Usted...
R: Qué provocación tan políticamente incorrecta. Pasemos a la siguiente pregunta.
P: Dice que la civilización descubrió el dinero demasiado tarde... ¿Ha valido la pena?
R: Uy, sí. El dinero es un invento tan importante como la rueda, la cerilla o el imperdible.
P: ¿De verdad cree que “sin ricos los pobres morirían mucho antes y mucho más pobres”?
R: Sin duda.
P: Lo de provocar, ¿le sale sin querer o es algo con lo que disfruta?
R>: Cada vez me preocupa más encontrar placer en la provocación. Creo que, al final, lo único que muestra el provocador es una estúpida vanidad. Estoy intentando curarme del ánimo provocatorio.
P: Una madre y un hijo son las causas del autodesprecio, con perdón, que está en el arranque del libro... ¿La familia es el opio del pueblo?
R: Me desconcierta usted.
P: Contra la melancolía, ¿es mejor visitar un monumento o un masaje tailandés?
R: Hombre, depende...
P: ¿Comenzar un viaje, es siempre salir a buscarse?
R: No necesariamente. Conviene, aunque el turismo está pensado para lo contrario.
P: ¿Qué diferencia al que huye del que busca?
R: Es más noble el que busca. Huir no es ningún título de honor, sino una reacción de supervivencia.
P: Por cierto, Torrelodones, que también sale en el libro, ¿en qué parte del trópico está?
R: Torrelodones está en el secarral serrano, no en el trópico. Pero mi tierra y la de mis antepasados es la sierra norte de Madrid, y lo que uno es va con uno a donde vaya.
P: Hume casi parece el otro protagonista, junto con usted, del libro...
R: Sí, Hume tenía las ideas tan claras que es la gran puerta para entender la economía como parte de la ciencia del hombre.
P: ¿Cómo se siente uno con una orden de busca y captura esperando en la frontera?
R: Bueno, no era la primera vez...Uno se siente francamente mal.
P: ¿En qué se diferencian el Escohotado de Torrelodones y el tropical?
R: Creo que en nada. O en poco. Yo no veo la diferencia.
P: ¿Siente ganas de volver a hacer la maleta?
R: Ninguna gana.
P: ¿Qué maleta se arrepiente de haber hecho?
R: La de este viaje tiene todas las papeletas para esa rifa.
P: ¿Qué maleta se ha quedado con las ganas de hacer?
R: La de un viaje a Grecia. Tal vez lo haga ahora, que he leído lo sufiente como para prescindir de cicerone y hacer mi propio plan de viaje.
P: ¿Y cuál es la vez que más se alegra de haber hecho las maletas?
R: Ésta.
P: ¿El viaje del que más se alegra es el mismo del que dice que se arrepiente?
R: Se aprende más de lo que nos disgusta. El displacer es instructivo, aunque el placer es más sabio.

Martín LÓPEZ-VEGA de el www.cultural.es